El verano de 1816 fue especialmente desapacible en todo el hemisferio norte debido a la gran cantidad de cenizas y polvo volcánico que había arrojado a la atmósfera la erupción del monte Tambora en abril del año anterior: aquel es conocido como “el año sin verano”. Poco podíamos imaginar que semejante fenómeno fuera a ser el detonante de una de las novelas de terror más conocidas de la historia. Las cosas a veces no salen como se planean, y el esperado descanso repleto de excursiones junto al lago Lemán (Suiza...