Un hombre trabaja en un laboratorio improvisado, alojado en un vagón de ferrocarril, destripa con destreza varias chinches y realiza observaciones al microscopio del contenido de sus estómagos. Es el año de 1908 y aunque las condiciones son precarias, Carlos Chagas está muy cerca de descubrir el misterio de una de las enfermedades que aún aqueja a 8 millones de personas en todo el mundo y que en aquel entonces padecían muchos pobladores de Lassance, Brasil.