La carne es un alimento fundamental en la dieta, ya que aporta macronutrientes esenciales que los productos vegetales no ofrecen con la misma calidad y cantidad. Sin embargo, su manejo adecuado, especialmente cuando está cruda, es clave para prevenir enfermedades y otros riesgos para la salud. Por eso, lo primero a revisar es su color.

El color rojizo de la carne se debe a la mioglobina, una proteína que contiene hierro hemo, según Jeannine Schweihofer, directora asociada del programa de Agricultura y Agroindustria de la Universidad Estatal de Michigan. A mayor contenido de mioglobina, más oscuro será el tono de la carne.
Por eso, la carne de res tiene más mioglobina que la de ave, mientras que el cordero y el cerdo presentan niveles intermedios. También influyen la edad del animal y la exposición al oxígeno. Al cocinarla, la mioglobina cambia de color: a 60 °C conserva el rojo brillante; a temperaturas más altas adquiere un tono canela llamado hemicromo; y al superar los 76 °C se transforma en metamioglobina, dando un color marrón grisáceo.

Según el Instituto Australiano de Seguridad Alimentaria, el cambio de color puede indicar que la carne no es fresca o no está en condiciones óptimas, aunque no siempre significa descomposición. La especialista Schweihofer explica los estados de la mioglobina:
Rojo púrpura: ausencia de oxígeno, como en carne envasada al vacío (desoximioglobina).
Rojo brillante: exposición al aire, típico en carnicerías al menudeo.
Canela: pequeñas cantidades de oxígeno, como cuando piezas se apilan.
Marrón: posible señal de que la carne ha excedido su tiempo de exhibición.
El color de la carne también depende de la edad del animal: especies mayores contienen más mioglobina, por lo que su carne es más oscura. Según el Servicio de Inocuidad e Inspección Alimentaria de Estados Unidos, los tonos óptimos son: res rojo cereza, cordero rojo cereza oscuro, cerdo rosa grisáceo y ternera rosa pálido.

Además del color, es importante utilizar otros sentidos para garantizar seguridad. El Instituto Australiano de Seguridad Alimentaria recomienda:
1._ Presionar la carne; si está fresca recupera su forma.
2._ Evitar productos viscosos o pegajosos.
3._ Detectar olores fuertes; la carne fresca no huele.
4._ Comprobar que la temperatura de venta sea 5 °C o menor.
5._ Congelar los productos al llegar a casa.
6._ Revisar que el empaque esté intacto y sin exceso de líquido.
7._ Consultar fechas de empaquetado y consumo preferente.
Aunque el color es un indicador importante, no debe ser el único criterio. Vista, olfato, tacto y condiciones de almacenamiento son esenciales para consumir carne de manera segura y saludable.