Tener un perro implica una gran responsabilidad, pues además de ser compañeros leales y parte importante de la familia, también requieren atención a su bienestar emocional. Aunque suelen brindar apoyo y alegría, estos animales pueden desarrollar problemas psicológicos que afecten su comportamiento y estado de ánimo.
Por ello, los especialistas recomiendan que los dueños estén atentos a cualquier cambio en sus rutinas o actitudes. Si se detectan signos de tristeza, apatía o desinterés, es fundamental acudir con un veterinario o etólogo para obtener un diagnóstico y tratamiento adecuados.

De acuerdo con el sitio oficial de la marca de alimento para mascotas Purina, los perros, al igual que las personas, pueden experimentar episodios de depresión o mal humor, aunque su origen no suele ser tan complejo.
Entre las causas más comunes se encuentran los cambios en la rutina, el entorno o el grupo familiar, así como el estrés crónico, la ansiedad por miedo o fobias, y un estilo de vida poco estimulante.
Estos son algunos de los síntomas más frecuentes que pueden indicar que tu perro atraviesa un cuadro depresivo:

Comportamiento huraño: muestra poco interés por jugar, pasear o realizar actividades que antes disfrutaba.
Falta de energía: duerme más de lo habitual o se muestra apático.
Pérdida de apetito: come menos o modifica sus hábitos alimenticios.
Inquietud: presenta dificultades para dormir o cambios en sus patrones de sueño.
Alteraciones de conducta: mastica objetos, intenta escapar, se vuelve más reactivo, pierde el control de esfínteres o muestra agresividad.

Si notas que tu mascota tiene alguno de estos comportamientos y no identificas una causa clara, es recomendable acudir con un veterinario para recibir orientación profesional y ayudar a que tu perro recupere su bienestar emocional.