“Gracias por venir. Los extranjeros nos tratáis mejor que nuestro propio Gobierno”, dice Hatice al equipo español que monta un hospital de campaña en Iskenderun, en la provincia de Hatay, una de las más afectadas por los potentes terremotos que el lunes pasado arrasaron el sureste de Turquía, dejando al menos 31,000 muertos y 80,000 heridos. Hatice, una mujer de cincuenta años, no oculta su enfado con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, al que acusa de haber dejado abandonada esta provincia, asegura, p...