Para Sonia, Antonia, Paula y Nina. Viajar por una librería de viejo es uno de mis más grandes placeres en la vida, en especial si es grande y tiene buenas ofertas. Comencé con esta práctica hacia 1998, poco antes de entrar a la universidad, cuando acudí a la librería de don Víctor en El Calvario, cerca del centro de Cuernavaca. Allá fui con un amigo a ver qué me encontraba y a pesar de la oscuridad del local, salí de ahí con luminosos ejemplares, algunos de los cuales aún conservo. Otra anécdota ocurrió cua...