Para Matteo Alexander Flores Urióstegui, de siete años de edad, hay días especiales, como cuando tiene que ir a terapia, consulta o análisis y le tienen que tomar alguna muestra y la punta de la aguja entre en la piel y el dolor hace que el chico comience con una tos nerviosa que no cesa sino hasta que el examen se suspende o el pequeño vuelve a su casa, lejos del hospital.