Para don Alberto, un paseo en el zócalo de Cuernavaca tiene significados muy distintos a los de la pareja que enfrente de él se besa compulsivamente, sin importar el sol pleno en su rostro ni los muchos transeúntes que atestiguan el idilio carnal; se besan como si el mundo mañana se acabara, como si un proyectil perdido los quisiera hacer parte de su historia al dar vuelta en cualquier esquina o sentados en la banca de un parque. Don Alberto, a diferencia de los jóvenes amantes, solo busca asideros en su vida...