Nadie está obligado a escribir su historia personal, pero todos tenemos el derecho de hacerlo. Si solo se tratase de los días felices, supongo que no habría ningún problema, pero la mayoría de los recuerdos que dan ganas de contar son los provenientes de los días aciagos, oscuros, horribles. Esos que la memoria no nos deja olvidar. Aquellos sucesos que debemos sanar en terapia, los que nos hacen llorar con frecuencia. Escribir no sana, pero ayuda a sanar, por eso muchos terapeutas recomiendan tomar la pluma y el...