Las librerías alentaron mi ser lector, me formaron como bibliófilo y me ayudaron a caer en los bajos fondos de la bibliopatía, esta enfermedad degenerativa, incurable y vital que padezco (más bien disfruto) desde hace cinco lustros. Contaré anécdotas y reflexionaré sobre el tema, libremente, como dejando llegar las ideas. Al inicio entraba a las librerías con precaución, casi con miedo; aquellos bienes eran tan hermosos, estaban tan ordenaditos y olían tan bien (el profundo aroma del conocimiento), que bien podía...