Una mañana, de camino al trabajo, mi novio y yo logramos ver a lo lejos el cadáver de un gato. A un par de metros había otro mirándonos desde una posición pecho tierra. Se le notaba sorprendido y a la vez tranquilo, como si ambos hubiésemos llegado a un velorio. A ambos nos llenó de tristeza y después de lamentarse, mi novio dijo que probablemente habían sido los perros callejeros. Después me quedé pensando durante todo el día que yo pretendía dejar suelta a mi gatita para que no esté todo el día en una...