¿Qué tan veloces son los zapatitos de la infancia? ¿Qué tan rápido corremos a su olvido? Una tarde perdí a Tita. Ella era una pequeña tortuga japonesa que mi mamá me había regalado unos meses antes de que cumpliera diez años. Tita era mágica y su caparazón un cofre hecho de esmeraldas en el que guardaba todos los artilugios de la exploradora que era, justo lo que necesitaba para no perderse en la jungla del césped del jardín posterior. Juntas investigábamos el cabello de los dientes de león, la inclinació...