Vuelvo a la Ciudad de la Eterna Primavera. La primera vez que vine fue hace 35 años, de la mano de mis padres y hermanos. Tiempos lejanos, que aún viven en mi memoria, de ellos escribo incluso. Aquella vez, nos mudábamos por tercera ocasión, ahora a un lugar cálido, seguro, tranquilo y con oportunidades. El sueño provinciano de dos capitalinos y el misterio bucólico para sus cuatro vástagos. Una locura, obvio. Al principio no entendía el lenguaje local, un código particular, hecho desde la mezcla de visiones...