Como dicen los poetas, los tamalli son tan antiguos como el México mismo y tan deliciosos que no hay quien se les resista. El sabor de un tamalito es el sabor de la patria. El comer tamales para mí es un acto de infinita felicidad. A veces me los como con la mano a mordidas, me gustan con poco relleno, que no sean tan abundantes, que sean pequeños, para disfrutarlos bocado a bocado. En cierta ocasión dije que mi felicidad es el equivalente a una gran tamalada y se han reído de mi… no sé por qué… si los tamales...