Para mi padre, Agustín Domínguez, hasta Pilcaya, Guerrero 16 años: comencé a escribir, silvestre, aunque con cierto bagaje de lenguaje y literatura. Lo hacía en mis libretas de Bachilleres, donde tenía tan pocos apuntes como para reprobar el año, pero suficientes poemas para iniciar una carrera como autor. La edad del autor es diametralmente opuesta a la del futbolista. Comparo, pues en mi otra vida seré goleador. Un delantero, con suerte, se retira antes de los 40, edad en la que el escritor apenas va agarra...