Si se escribe y se publica, no se fracasa, pero no todo es tan optimista en la vida del autor. Existen pequeños fracasos: perder un archivo, dedicarle mucho tiempo a un libro sin futuro, hacer proyectos que no llegan a nada, quedarse sin computadora temporalmente. También hay fracasos grandes, como perder originales manuscritos o no poder escribir algo que se tiene contratado. Por último, están los colapsos: dudar de la vocación o vivir con un trabajo que se aborrece y no permite escribir. Según puede verse, los...