“Me gusta echar desmadre, pero cuando me propongo algo no hay poder humano que me haga desistir y concluir los proyectos”. Sentado en un banco de plástico, Leonardo Martínez junto a su esposa Guadalupe Anguiano observaba en una pantalla plana la película “Por mis tierras doy la vida”. Su rostro era el de un hombre que había cumplido su sueño. No había más de treinta personas la primera vez que se exhibió el largometraje al público y aunque actuó en el filme y lo recibió editado siete días antes, estar ahí con la...