Ella es la madre, matriz primigenia, ahí pervive la semilla de nuestros ancestros, proveedora que nunca nos abandona. Bebe y se baña con el agua del cielo, la absorbe, nos alimenta; de sus entrañas rocosas emana el vital líquido que nace libre, sea ligera como caudal de arroyo, vasta y rápida como rio, o mansa, amorosa y profunda cual manto subterráneo. Además, nieto querido, nos abraza todos los días, acaricia amorosamente nuestro cuerpo, su piel rugosa sostiene nuestros pasos, abre caminos y senderos, nos...