Las cosas han cambiado para los escritores en las últimas décadas. Hace unos treinta años (o dos generaciones) los artistas de la pluma se dejaban ver en programas de televisión más aburridos que las novelas de Carlos Fuentes, publicaban en diarios o revistas de distribución nacional financiados por el PRI, o acudían a galas en el Castillo de Chapultepec, la casa del algún político transa o en Bellas Artes. Lo peor era ver a Octavio Paz con su voz meliflua en un debate de sordos con algunos otros intelectualoides...