Risas y llanto a ritmo del jabulani

la afición sufrió con su equipo

En todos los rincones de Morelos donde se congregaron los aficionados para ver el partido entre México y Argentina se sintió la misma electricidad en esos veintitantos primeros minutos en que el juego de los connacionales parecía que iba a hacer el milagro.

 

Fue una jornada de emociones, de altibajos: de la alegría a la tristeza y de allí -incluso en los tres minutos del tiempo de reposición ordenado por el árbitro- a la esperanza ciega.

Pero todo ocurrió como ha estado escrito desde hace decenios: la siguiente fase del Mundial es un camino lleno de espinas que no se ha podido nunca sortear, excepto cuando hemos sido anfitriones de la magna organización. Pero fuera de casa, hasta aquí, como ayer ocurrió.

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