Los familiares beneficiados.
En una ocasión, cubriendo una nota policíaca en la que un joven había evadido la acción de la justicia gracias al apoyo de sus padres –quienes le habían permitido escapar–, me sorprendí cuando un abogado me refirió que no se podía ejercer castigo alguno en contra de los padres, porque era a su hijo a quien favorecían y era lógico y normal que lo ayudaran, a pesar de que había cometido un delito.
Y en efecto, la familia es la familia. Salvo en ocasiones extremas o irregulares, lo normal es que deseemos bienestar y lo mejor para nuestras familias, apoyándolas en cualquier tipo de circunstancias, incluso como la mencionada.
Sin embargo, hay ocasiones en que por más que queramos beneficiar a nuestros familiares, hay situaciones en las que esto no es posible. Tal es el caso de la política.
Aunque puede entenderse que los políticos quieran bienestar y lo mejor para sus familias, resulta reprobable, lamentable y criticable que con tal de disfrutar del erario, los dirigentes políticos coloquen en posición de privilegio a sus familiares que no cuentan con perfil para el cargo.
Para ser gobernante se requieren ciertas características de servicio, sensibilidad y honestidad; pero además, una trayectoria de trabajo a favor de la gente.
Baste revisar las listas de candidatos, y de todos los partidos, para darnos cuenta que los familiares (o también los amigos o compadres) de las cúpulas partidistas ocupan las mejores posiciones en las listas plurinominales. Muchos candidatos a regidores, a diputados plurinominales –ya sea locales o federales–, no tienen mayor mérito que ser familiares de los dirigentes o ser cercanos a ellos.
Prácticamente todos los partidos –o más bien sus dirigencias– decidieron así las candidaturas de representación proporcional, dejando fuera a quienes sí tienen trabajo partidista y preparación para ocupar cargos públicos.
Sin pudor alguno, quienes tuvieron la oportunidad de hacerlo en cada uno de los partidos políticos operaron para poner a un familiar o persona cercana a sus afectos.
Esta práctica, ciertamente, se ha realizado desde hace mucho tiempo, sin embargo, hoy la vemos con mayor frecuencia, en todos los cargos de elección popular y en todos los partidos.
¿Qué la política no es para servir a la gente?