Desde que era muy joven quería ir a olvidarme del mundo en las paradisiacas playas de la costa oaxaqueña. Debo confesar que en aquellos años de juventud alocada, sí pretendía que fuera un viaje totalmente entregado al uso de las drogas recreativas naturales que hicieron de Zipolite el destino playero favorito de mi generación en los lejanos años noventa.