Cuando llegamos a casa de mis padres, pude darme cuenta de la realidad. Era el día del Padre y todos actuábamos como si no fuera un día especial. No quiero decir que esté a favor de los festejos en las fechas que algún comerciante muy listo impuso en nuestra sociedad, pero dejando a un lado esa conjetura, también debo reconocer que fue una gran idea. Nunca me acuerdo siquiera de las fechas de cumpleaños de la gente que quiero, soy muy dado a olvidarlas. Quizá porque no veo un comercial en la tele que me l...