Anacronismo

No es el tiempo para los automovilistas en Cuernavaca: adicionalmente a las protestas de todo tipo que bloquean el tráfico, los ciudadanos padecen las obras en proceso y ahora, como cada año, la insistencia de cerrar una de las principales avenidas de la ciudad para celebrar una feria tradicional que, sin embargo, ha perdido su contexto y es principalmente un calvario.

 

Es cierto que la de Tlaltenango tiene un largo recorrido, que se remonta a varios siglos, pero el entorno ha cambiado y cuando se anuncia es tomada más como una molestia que un motivo de alegría.

Los intereses creados en torno al comercio de temporada difícilmente permitirán su reubicación.

Pero la ciudadanía debería preguntarse si su calidad de vida vale lo suficiente como para intentar encauzar de la mejor manera una costumbre que cada vez se adapta menos al entorno urbano.

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