La nación que recibirá por tercera vez el Mundial de futbol es centro de atención internacional desde ya, y su gobierno enfrenta una presión que puede incidir en la economía de sus ciudadanos, pues la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) está en un punto álgido tras la controversia por la solicitud de detención por parte de EU del gobernador de Sinaloa y de nueve personas más por presuntos vínculos con el crimen organizado.
Los presentes se constituyen como días determinantes en la estabilidad del país, pues el gobierno norteamericano no ha tenido paciencia en la persecución de sus intereses y el oficialismo mexicano está en una disyuntiva en la que están en juego un proyecto político y el interés común.
El tiempo corre y la sede mundialista no presume de paz, seguridad y equilibrio; por el contrario, se avizoran sacudidas decisivas en el núcleo del partido oficial y en la relación de México con el país vecino del norte.