Todo indica que el caos que reina en la prestación del servicio público del transporte no es casualidad: la falta de aplicación de la ley en la materia y su reglamento no es una omisión casual, sino una acción premeditada como parte de la política de hacer que prevalezcan los derechos de los concesionarios por encima del de los ciudadanos en general.
La medida anunciada para que un día a la semana una parte de los taxis en operación dejarán de circular a fin de descongestionar el servicio posiblemente traería incluso mejoras en el tráfico en la zona conurbada de Cuernavaca.
Pero apenas se requiere una reunión y un poco de presión para que la autoridad se desdiga de sus determinaciones. Es obvio que algo tan simple como "el hoy no circula" para taxis no requiere de enseñanza previa ni de tiempo para acostumbrarse a la medida.
Claro, hay que considerar las denuncias de una parte del gremio involucrado: que la medida no afectaba a los taxis de modelo reciente porque lo que se buscaba era favorecer a unos cuantos líderes.
Por lo pronto, la autoridad del transporte ha sufrido una nueva derrota. O quizá sólo ha sido exhibida su falta de interés por cumplir con el mandato que marca la ley.