La impunidad en la que creyó vivir el exfuncionario graquista Noé Sandoval le llevó a continuar con su negocio de vender permisos falsos para operar taxis y colectivos como si fueran concesiones, lo que aumentó el daño que de por sí ya habían sufrido en el sexenio anterior los auténticos concesionarios ante la competencia ilegal.
Aunque solo se le llevó a la cárcel por 34 concesiones –falta que un juez determine si las acusaciones de la fiscalía anticorrupción son lo suficientemente sólidas como para procesar al exfuncionario- las autoridades del ramo han revelado que quizá fueron diez mil los permisos vendidos a incautos que soñaron con cambiarlos por una concesión.
Esperemos que el proceso incluya también a los líderes de los transportistas que lo son porque se amparan en esos documentos irregulares, para que sean correspondidos en su maltrato a la sociedad a la hora que se han movilizado para exigir respeto a sus permisos, que no valen ni el papel en que están impresos.