Los hechos terminan por ser más contundentes que el mundo irreal que la autoridad quiere ofrecer a los gobernados: es obvio que no coincide el mundo de seguridad y tranquilidad que algunos se empeñan en vender como cierto cuando en una zona de intenso tráfico de personas y de vehículos, y sin que nadie lo impida, dos personas son asesinadas a la vista de todos.
Es necesario que los programas de seguridad se revisen y se haga público el verdadero alcance de la infraestructura para la prevención del delito, porque con casos como el ocurrido la tarde de ayer en Ocotepec queda demostrado que aún hace falta mucho por hacer.
Las declaraciones alegres son cada día más difíciles de sostener.