Cerrar calles y carreteras ha dejado de ser un método efectivo de protesta social: las autoridades a quienes va dirigida la inconformidad no se preocupan demasiado por atender el asunto, como lo prueban los largos cierres practicados en todas las protestas que han recurrido a ese método.
Sin embargo, ese tipo de protestas sí que molestan a la ciudadanía, ajena en su totalidad a los reclamos e incapaces -por supuesto- de resolverlos.
Las organizaciones sociales de todo tipo deben encontrar formas más creativas de plantear sus malestares, porque esas organizaciones son parte de la sociedad a la que tanto dañan al cerrar calles o carreteras.
Por lo pronto, ayer volvió a ocurrir en Cuernavaca y se ha amenazado que algo así se repetirá mayor escala. pero los ciudadanos son totalmente inocentes, ellos no provocaron el malestar y sin embargo padecen las consecuencias, mientras que a los responsables -hay que insistir- no les acongoja el sufrimiento ajeno e incluso les es indiferente.