La Fiscalía General del Estado ha demostrado actuar sólo por la presión social: así fue en el sonado caso de las fosas de Tetelcingo y se vuelve a demostrar en el caso de los imparables asesinatos de mujeres. En ese renglón, sólo el 2015 dejó un saldo de 49 víctimas, más las 40 que se han acumulado en lo que va de 2016.
Aquí se ha señalado que debe reforzarse el número de policías asignados a resolver los crímenes, pero no a los ínfimos niveles del fiscal, que colocó a cinco agentes en cada una de las tres fiscalías regionales.
Hacer algo así se llama simulación.
O al menos, el funcionario debería dar a conocer las prioridades reales de la dependencia que encabeza, para que los ciudadanos no esperen de él más de lo que quiere dar.