En lo que va del sexenio, la enseñanza pública en Morelos no pasa por sus mejores momentos, como lo indican los resultados de diversas pruebas de aprendizaje aplicadas en fechas diferentes y que siempre apuntan a lo mismo: los alumnos de las instituciones oficiales están por debajo de la media nacional en cosas tan importantes como Matemáticas o habilidad lectora.
Ignoramos cuál será el pretexto que se utilizará para tratar de ocultar esa enorme falla, pero el costo social lo sufrirán las siguientes generaciones de ciudadanos morelenses, que hoy se forman de forma deficiente e incompleta en las aulas.
Por menos de eso en sitios más civilizados ya habría renuncias. Aquí, el sistema educativo está en manos de una burocracia perniciosa que no aporta nada pero que consume enormes recursos y mantiene viejos vicios que al final dañan a la parte más vulnerable del proceso educativo: el estudiantado.