Escudarse en los procedimientos burocráticos no ayuda a ganar la confianza de los ciudadanos: que el secretario de Movilidad y Transporte diga que se detectaron anomalías y se pide a la Contraloría que investigue o que se presentaron las denuncias correspondientes no garantiza que los involucrados reciban una sanción.
Despedir a un funcionario no puede tipificarse como castigo, y menos ejemplar, porque esos puestos están siempre sujetos al capricho de los jefes.
El anunció de que se detectaron actos de corrupción, además, no constituye ninguna novedad, porque eso ya lo saben los ciudadanos.
Lo que se requiere es menos hablar y más actuar. De otra manera, puede entenderse que sólo se trata de maniobras de distracción de otras cosas peores que tienen lugar en la secretaría a la que se hace referencia.