Los excesos en que incurren los concesionarios del transporte no están delimitados por la geografía: a lo largo y ancho de la entidad los transportistas no tienen miedo de violar la ley y menos afectar a inocentes.
Ayer se dieron el lujo e aislar durante dos horas una ciudad sólo porque un funcionario no los atendió como ellos querían.
El asunto que reclaman se concentra en un municipio distinto, pero ni así les importó.
La población es un rehén habitual de sus protestas y seguirán así mientras no se les ponga un freno, que ni siquiera hay que inventar porque ya está en la ley.
Por lo pronto, decenas, quizá cientos de miles de personas se vieron impedidos de transitar porque a algunos así lo decidieron y las autoridades del ramo juzgaron correcto no intervenir.