Los hechos policiacos que la semana pasada ocuparon de manera exagerada la atención de la ciudadanía no debe hacernos desviar la mirada sobre otros asuntos de gran importancia para el desarrollo de nuestra sociedad.
Uno de ellos es la educación, donde se encuentra la llave de la salud social, no sólo del progreso tecnológico.
Recuperar en las escuelas, desde los primeros grados, la educación cívica, es un paso importante, cuyos resultados se verán en años pero que debe emprenderse desde ahora.
También debemos fomentar el gusto por la lectura, ya que además de mejorar el aprendizaje abre nuevos mundos, lo que haría soñar a los niños y jóvenes que lean con escenarios diferentes a los que hoy buscan, más ligados a la violencia y el dinero fácil.
Por supuesto, no digo que sea una tarea sencilla, sobre todo porque las nuevas generaciones se han acostumbrado a interactuar en un mundo dominado por las computadoras y las pantallas, pero en el que no todos los conocimientos están al alcance de la mano en internet, por lo menos no para el ciudadano medio.
Los libros son útiles, pero también son entretenidos.
En otros países programas que incentivan la lectura han logrado reducir los niveles de violencia, como en Medellín, Colombia, donde se construyeron bibliotecas en los barrios más violentos, con resultados exitosos.
Hoy, el alcalde que tuvo esa idea es candidato a la presidencia de ese país, lo que habla del impacto que esa idea tuvo.
Ojalá aquí también se busquen ideas ingeniosas para seguir adelante y, lo más importante, se apliquen de inmediato.