En cualquier régimen republicano, la división de poderes no es un adorno constitucional, se trata de un mecanismo de control. En esa sintonía, los poderes ejecutivo, legislativo y judicial no están pensados para acompañarse sin fricción, sino para vigilarse mutuamente. No obstante, en México, al ser un país con una fuerte tradición presidencialista, el poder ejecutivo opaca a los otros dos. La lógica es: donde el poder se concentra sin revisión, los errores tienden a prolongarse y tener efectos catastróficos para...