Avancé derecho, en la calle polvosa y oscura cargando mis dos bolsas de libros. No había salida a Tollocan. Yo no sabía cómo moverme sin perderme, pero algo me hizo caminar en la dirección del tren. Delante de mí iba un sexagenario que caminaba rápido. Procuré no perderlo, pero tras otro cruce el sitio se volvió más oscuro y le perdí la pista. Pensé que estaba solo y sudé frío. El mapa se volvía confuso. Un jovencito salió de alguna calle y pasó a mi lado, andando veloz hacia el frente. Me tranquilizó, p...