El Súper Bowl no es un simple partido más, o —mejor dicho— dejó de serlo desde hace mucho tiempo. Cada edición funciona como un espejo de la época: una vitrina donde se condensan los excesos, las aspiraciones y las contradicciones de una sociedad que necesita grandes rituales para convencerse de que todavía comparte algo en común. El Súper Bowl LX no escapa a esta lógica. Más que la culminación de una temporada, es sin duda la consagración de un modelo cultural donde el deporte es apenas el un elemento más. Des...