El río de aguas turbias casi está en calma, repleto de olvidos y memorias que se hacen visibles en el reflejo de la luna. La barranca se extiende como una serpiente desenroscada en las profundidades de la ciudad, mientras las casuchas del barrio del Ahuehuete crujen como latas vacías de atún en la periferia y, aunque apenas se ubican a tres kilómetros del palacio de gobierno y del Museo de la Ciudad, parecen de otro mundo. La gran cerca de tubos y vegetación separa las colonias más ricas de la ciudad de las zonas...