El cielo es un ojo y estoy dentro. El universo a plomo justo sobre mí. La mirada es una canica libre que da vueltas dentro de ese azul que no es sólo azul. Los matices se aprecian en todo el espectro. Las nubes impacientes y curiosas se asoman a mi rostro, se inclinan con miles de gestos en mutación. Observar el cielo viajando en una motocicleta, el verle el palpitar, la respiración, la sonrisa a las mareas de vapor que allá arriba se despliegan en exclusiva para el pedacito de velocidad desnuda que lo persigu...