No pensé que los conejos fueran tan importantes en mi vida, pero lo son. Mi juguete consentido y de los más antiguos se llama Mijo. Es un conejo color café descolorido, con hidrocefalia, de orejas grandes y laxas, y tiernos ojos negros de plástico duro. Todavía lo conservo. Se le puede despellejar quitándole la piel como si fuera un mameluco de cierre al frente. Por dentro queda flaco, hecho de tela a rayas blancas y rojas. Esta cualidad tal vez fue una premonición de lo que presenciaría más adelante en casa...