La FIL es un hermoso lugar para escritores, lectores, promotores, ilustradores, editores, libreros, traductores, distribuidores, abogados, impresores. Este año volví a sus pasillos a renovar votos. Nada en esta columna será objetivo, no tengo cifras sacadas de encuestas, testimonios validados, argumentos interesantes ni humor. Dejaré que fluya mi conciencia sobre el teclado. La FIL ya era una leyenda cuando entré a la universidad. Yo tenía ocho años cuando comenzó, supe de ella a los 18 y asistí hasta los 26. H...