Desde que era niña el festejo de la noche mexicana fue algo importante, aunque durante mi infancia, con mis padres, se trataba de una cena divertida, regularmente visitando la casa de mis padrinos favoritos, todos con trajes típicos mexicanos, música, guitarras, canto y tequila hasta el amanecer. Pero nunca íbamos a ninguna plaza pública ni a verbenas populares. Mis padres odiaban las multitudes y los festejos populares.