Efectivamente, las escuelas públicas son patrimonio de las comunidades en las que fueron edificadas, pero son algo más que edificios. Quienes en los últimos años se han dedicado a saquearlas para obtener un lucro basado en los muebles, máquinas o materiales sustraídos ignoran que el daño que han causado repercutirá por años en la sociedad de la que seguramente forman parte. Cada pérdida sufrida en alguna escuela significa un retraso en la formación escolar de cientos, quizá miles de niños. Y no solo por el tiemp...