Todo un partido político se ha organizado para defenderse de lo que consideran represalias del gobernador por haber votado por el inicio de un juicio político contra Graco Ramírez, el Jefe del Ejecutivo morelense, una maniobra que no prosperó pero que ha tenido amplias repercusiones, lo mismo por el repudió a la decisión que por las acciones gubernamentales para cobrarse la afrenta.
Morelos no es actualmente una democracia, pues ha habido un retroceso en lo que se refiere a libertades individuales. Por ejemplo, ya no se puede circular libremente, pues lo mismo pueden impedir el paso de personas y vehículos una manifestación contra la incapacidad de las autoridades que un retén policiaco.
Lo panistas se quejan de un acoso, que por otro lado numerosos ciudadanos han padecido cuando se han opuesto a acciones o a omisiones del grupo gobernante, lo mismo en materia económica que política, de seguridad o de derechos humanos.
El divorcio entre Graco Ramírez y la sociedad morelense es tan evidente como el hecho de que el gobernador sólo acude a actos controlados por su personal de seguridad, porque teme un encuentro espontáneo con la gente.
El detalle es que Morelos sabe bien lo que ocurre cuando quienes gobiernan se exceden y creen que lo público les pertenece. Y todo indica que nos encaminamos a que el sexenio que corre tenga el peor de los finales posibles.