Cuando se creó, el llamado centro de transferencia de basura de la colonia El Polvorín estaba en una zona prácticamente despoblada. Su función es que los camiones de recolección que dan servicio al municipio no tuvieran que llegar hasta el sitio de depósito final, tarea para la que se destinaron trailers y una plataforma de carga.
En teoría, la basura allí depositada sólo debe permanecer unas cuantas horas, las mínimas para que no haya descomposición ni malos olores.
Hoy el lugar es una zona urbanizada por el descuido de las sucesivas autoridades inmobiliarias y el lucro inmenso de la especulación urbana.
Ayer quedó de manifiesto que ese lugar es un problema para las miles de familias que allí viven. Quienes ganaron mucho dinero con la venta de casas no tendrán la obligación de resolver la situación, sino que se requerirá de dinero público y el que pagará los platos rotos, como siempre, será el ciudadano común, aunque no viva en esa zona.