Como muchas de las personas que vivimos en el municipio de Tepoztlán y sus alrededores, mi familia y yo normalmente evitamos ir al centro de la cabecera municipal -que alguna vez fue pueblo mágico- en fines de semana. La razón es simple: el pueblo se colapsa, las calles se llenan de autos y el riesgo de contagio de COVID-19 se incrementa. Sin embargo, ayer sábado tuve que hacerlo porque a mi hijo adolescente se le olvidó comprar material para una tarea que debe entregar el lunes. No tuve más remedio que ir a...