Tal y como aquí se dijo, el caso de las fosas comunes de Tetelcingo convirtieron al gobierno de Morelos en la vergüenza nacional. Sólo la presión de la madre y la tía de una de las personas sepultadas allí logró que iniciara el proceso para corregir el terrible fallo de sepultar sin los protocolos ni la dignidad adecuados a un número indeterminado de cuerpos, más de cien y sin la posibilidad -ahora en proceso de remediación- de que alguien pudiera reclamar los restos.