Y nada, que mi gordo está muy gordo y que ya hay que tomar cartas en el asunto, ¡estamos hablando no sólo de su salud, de la mía también! Por qué? porque convivimos a diario y compartimos los alimentos. El caos tomó su verdadera dimensión cuando se compró pantalones nuevos, de un 36 brincó (y no mágicamente) a un 40! ALERTA ROJA, obvio se deprimió y en ese momento se salió a caminar.