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Nunca es tarde

No sé si es por la época o por mi reciente perdida o por las dos cosas, pero ando súper sensible. Lloro a la menor provocación y me lastima más que nunca la indiferencia de la gente al dolor ajeno. El otro día atropellaron a un perrito de la calle, éste berreaba del dolor, los autos pasaban y lo esquivaban como podían, pero nadie se paraba a auxiliar al pobre animal, entre ellos yo.